¿Porque no podemos dejar de oler a nuestro bebé?

¿Porqué este olor se convierte en adictivo para las mamás?

Si eres madre, seguramente el primer instinto al nacer tu bebé fue cogerle en brazos y besarle. Y es aquí donde comienza el mayor vínculo de unión que conocerás jamás.

Este vínculo puede comenzar con el ya famoso piel con piel madre-hijo donde sus numerosos beneficios, tanto para la mamá como para el bebé, están ya más que probados. Pero lo que la mayoría de las mujeres no saben es que la increíble naturaleza pone muchísimo más de su parte para fortalecer dicha unión. Dispone de un mecanismo de hormonas que harán que estos vínculos sean indestructibles.

Una de las características de los recién nacidos es su olor, tan peculiar y adictivo. Seguro que te sorprendes a ti misma preguntándote porque no puedes dejar de olerle, incluso puede parecerte una actitud extraña y exagerada pero nada más lejos. En realidad, es algo normal porque el olor del bebé provoca en la madre una especie de efecto narcótico que, como si de una droga se tratase, lo hace adictivo.

Pero, ¿porqué sucede esto?

En el momento del parto y la crianza contamos con tres amigas inseparables que dan explicación a este proceso: la oxitocina, la dopamina y la serotonina.

La oxitocina son las hormonas que la madre y el bebé liberan durante la primera y la segunda fase del parto y que siguen presentes en el nacimiento. Provoca las contracciones y la subida de la leche. La dopamina es un neurotransmisor de nuestro cerebro que activa hasta cinco receptores celulares incluyendo papeles importantes en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa, la regulación de la producción de la leche materna, el sueño, el humor y el aprendizaje… Y la serotonina es la hormona causante de la felicidad, tiene la función de antidepresivo natural. Sin embargo la dopamina, que podríamos decir que es su hermana melliza, también es importantísima para el bienestar.  Y digamos que las 3 juntas hacen simplemete… magia.

La naturaleza provoca que el bebé huela de manera que cuando la madre lo huela sienta calma, placer y felicidad por lo que no se cansará de hacerlo y cuidará de su bebé pase lo que pase. De esta manera, la naturaleza se asegura de que la madre cuide de su “cría” y la supervivencia de la especie siga su curso.

Los olores también son fundamentales en el sentido inverso, es decir, en el olfato del recién nacido para reconocer a su madre el cual es importante para su supervivencia y bienestar.

Un estudio lo demuestra

Para confirmar que esta teoría es cierta, un equipo de investigadores publicaron en la revista “Frontiers in Psychology” el siguiente estudio. Se escogieron a treinta mujeres, de las cuales la mitad acababan de ser madres y la otra mitad no tenían hijos. A todas ellas les pidieron que tratasen de identificar varios olores. Entre esos olores pusieron el pijama de un bebé. Mientras las mujeres olían (con los ojos tapados), los científicos seguían su actividad cerebral a través de una resonancia magnética funcional. Las que acababan de ser madre enseguida identificaron el olor de los bebés. Y lo que la máquina desvelaba es que los niveles de dopamina se activaba. Así mismo se dieron cuenta de que ocurría lo mismo con los olores asociados a una comida rica y que también se asocia a los niveles de dopamina, o cuando se activa el impulso sexual.

A que se debe ese olor

Hay una razón natural por la que los bebés huelen tan bien. Ese olor tan particular puede ser debido a sobrantes de líquido amniótico así como la vernix caseosa, que es la sustancia blanca que recubre la piel del bebé al nacer. Hay que recordar que además, como sus glándulas sudoríparas no están activas, no presentan olores desagradables, apenas sudan, pues los mecanismos que regulan la transpiración no están establecidos totalmente.

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